This website uses cookies

Read our Privacy policy and Terms of use for more information.

Miércoles 15 de octubre de 2008.
El S&P 500 cae un 9,03%. La peor caída desde 1987.

Yo estaba ahí. Ya sabes: más sabe el diablo por viejo que por diablo.

El que no haya vivido un mercado así no sabe lo que es. Te cuento un detalle de aquel miércoles. Hubo un momento en el que, en el futuro del mini S&P 500, el contrato más líquido del planeta en renta variable, desaparecieron los compradores. Nadie quería comprar las 500 empresas más grandes del mundo. Ni a precio de saldo.

Parecía que el mundo se iba a acabar esa tarde.

Me encanta cuando alguien me dice "yo sí aportaría más".

Te lo cuento porque la semana pasada cerré la newsletter con una pregunta. La pregunta que necesitas contestar antes de elegir cuánto riesgo. Hoy la respondemos.

No te mientas. Lo agradecerás.

La única pregunta que importa

Cuando vas al banco a abrir una cuenta de inversión, te hacen rellenar un cuestionario. Lo llaman test de idoneidad. Lo exige la directiva europea MiFID II.

Son cinco, siete, diez preguntas. Tu edad. Tu patrimonio. Tus ingresos. Tu experiencia previa. Y la pregunta clave, la que define todo: "¿cuánto está dispuesto a perder en un año?". Te dan tres opciones. Los rangos varían por entidad, pero suelen oscilar entre el 5%, el 15% y más del 30%.

Te van a clasificar como conservador, moderado o dinámico. Y según el cuadrito que te toque, te van a vender un fondo de ese perfil. Conservador puede ser un mixto defensivo con una comisión cercana al 1,5%. Moderado, un mixto con un TER en torno al 1,9%. Dinámico, un perfilado que en las clases retail de los grandes bancos puede llegar al 2,5%.

El test no está pensado para que tú aciertes tu perfil. Está pensado para que el banco se cubra. Para que, si dentro de cinco años pierdes la mitad de tu dinero y vas a reclamar, ellos saquen el papel que firmaste y te digan: usted marcó dinámico. Y para encajarte de paso en un producto que les da margen. Esa es toda la verdad.

Y hay un problema más grande todavía. Te están preguntando cuánto vas a sufrir cuando pierdas dinero. A alguien que nunca ha perdido dinero de verdad. Es como preguntarle a quien no ha tenido hijos cuánto va a dormir el primer año. La respuesta no vale nada hasta que pasa.

Capacidad y tolerancia

El perfil de riesgo real tiene dos patas. Y son muy distintas.

La primera es la capacidad. Es objetiva. Dos personas con la misma edad, el mismo horizonte temporal, el mismo patrimonio y los mismos ingresos tienen exactamente la misma capacidad de asumir riesgo. La capacidad responde a una sola pregunta: ¿puedo permitirme perderlo?

Si dependes de ese dinero para vivir el año que viene, tu capacidad es cero. Da igual lo valiente que te sientas. Si pierde la mitad, no comes. Punto.

La segunda es la tolerancia. Y aquí está el problema. La tolerancia es subjetiva. Es cómo aguantas tú, en concreto, ver tu cartera en rojo. Y depende casi por completo de tu pasado. De si te han estafado con algún producto financiero. De si entraste en bolsa en febrero de 2007 y saliste en marzo de 2009 jurando no volver a invertir.

La gente joven suele tener alta tolerancia al riesgo y tiempo por delante. Lo que no tiene es capacidad económica. Aún no ha ahorrado. Aún no ha llegado al patrimonio que le permite permitirse una caída fuerte sin que le tiemble la cena.

Conforme te vas haciendo mayor, la cosa se da la vuelta. Vas teniendo cicatrices de las inversiones mal hechas. Las que te quedan cuando entras en el mercado como un elefante en una cacharrería, sin método, sin estrategia y sin entender lo que estás comprando. Y cada cicatriz te baja la tolerancia un escalón. Mientras tanto, la capacidad sube: ahorras más, ganas más, tienes más colchón.

Es el perfil más típico que me encuentro. La nota de capacidad sale alta. La de tolerancia sale baja. Y entre las dos hay un gap enorme.

Ese gap solo se cierra con una cosa: formación. Entender en qué inviertes. Entender por qué. Entender cómo. No se cierra con un cuestionario del banco. Se cierra leyendo, mirando datos, viendo cómo se comportó cada activo en cada crisis, y construyendo una cartera que entiendas pieza a pieza.

Cuando entiendes lo que tienes, dejas de mirarlo cada día. Cuando dejas de mirarlo cada día, aguantas. Y cuando aguantas, ganas.

Lo que el test del banco hace mal

El test del banco te da una nota de capacidad, una nota de tolerancia, y luego hace el promedio.

Mal hecho.

Da igual que tu capacidad sea de matrícula de honor. Si cuando ves desaparecer un 10% de tu cartera no duermes por la noche, no estás invirtiendo. Estás sufriendo. Y antes o después vas a tomar la decisión equivocada. La que destruye carteras buenas.

Recuerda lo que importa: la rentabilidad por unidad de sueño. Si no duermes bien, si abres la app cinco veces al día, si miras CNBC en la cama, estás asumiendo más riesgo del que puedes tolerar. Punto. No hay debate.

Y el problema añadido es que casi todo el mundo se sobreestima.

Hay una historia de Livermore que me gusta. Un joven arrogante presume de que es capaz de darle a una copa de vino a cien metros de distancia. Su compañero veterano lo escucha. Le dice una sola cosa.

Ya. ¿Y si la copa te estuviera apuntando con una pistola?

Eso es la diferencia entre la teoría y el mercado real. En frío, todos somos tiradores olímpicos. En aquel 15 de octubre de 2008, parecía que el mundo financiero se acababa esa misma tarde. No había compradores para el S&P 500 entero. Nadie en todo el planeta quería comprarlo.

¿Tú sí?

Por eso la séptima pregunta de nuestro test de perfil de riesgo es la que más importa porque es la más difícil de contestar objetivamente. Y es la que más gente responde mal. No por mentir. Por no haber estado nunca en la guerra.

A continuación puedes descargar el PDF que utilizamos en el taller K. Hazlo tranquilo, en frío. Y guárdalo. Porque cuando el mercado caiga de verdad, vas a repetirlo. Y vas a descubrir que en frío contestamos una cosa y en caliente otra.

👉

Suscríbete para seguir leyendo

Este contenido es gratuito, pero debes estar suscrito a Proyecto K para continuar leyendo.

I consent to receive newsletters via email. Sign up Terms of service.

Already a subscriber?Sign in.Not now

Otros artículos