Imagina que tienes 100.000 euros invertidos.
Años de disciplina. Aportaciones mensuales. Algún bonus. Todo en un fondo indexado al S&P 500 porque has leído que es lo más sensato.
Es lunes. Desayunas tranquilo. Miras el móvil.
Tu cartera vale 77.400€.
No es un error. No hay guerra. No hay pandemia. No ha pasado nada.
Bienvenido al 19 de octubre de 1987.
El día que el mercado cayó un –22,6% en una sola sesión.
El día que el mercado perdió la cabeza
Todo empezó en Hong Kong. Una caída del 11% que nadie esperaba. Mientras Europa dormía, Asia se desangraba.
A las 8 de la mañana hora de Londres, los mercados europeos abrieron en rojo. Al mediodía ya era un baño de sangre. El FTSE de Londres cayó un 10%. París igual. Madrid peor.
Y entonces abrió Nueva York.
El Dow Jones abrió cayendo. Y no paró. A cada minuto, más abajo. Las pantallas se quedaban atrás porque los sistemas no podían procesar tantas órdenes de venta a la vez. Los teléfonos de los brókers sonaban sin parar. Nadie cogía. ¿Para qué? No había respuestas.
Un sistema llamado "portfolio insurance" que se suponía que protegía a los grandes fondos hizo exactamente lo contrario. Vendía automáticamente a medida que el mercado caía. Que hacía que cayera más. Que activaba más ventas automáticas. Un bucle de destrucción que nadie supo parar.
A las 4 de la tarde, el daño estaba hecho. –22,6% en una sola sesión. $500.000 millones evaporados. En seis horas.
Para ponerlo en contexto: esa caída fue el doble de la peor sesión del crash de 1929. Nueva Zelanda cayó un 60% esa semana. Hong Kong cerró su bolsa durante cuatro días.
Bill Lawton, un gestor de fondos de 37 años, llegó a su casa esa noche y su mujer le preguntó si tenían que vender la casa.
No era una pregunta retórica.

¿Qué pasó después?
Esto es lo que nunca sale en los titulares: en las 48 horas siguientes al Lunes Negro, el Dow Jones recuperó el 57% de la caída.
Lee eso otra vez. En dos días.
Y el dato que debería grabarse en la frente de todo inversor: el Dow Jones cerró 1987 con una rentabilidad positiva del 0,6%.
El peor día de la historia bursátil moderna ocurrió en un año que terminó en verde.
Pero tú no sabías eso el 19 de octubre a las 4 de la tarde. Tú solo sabías que tu cartera había perdido 22.600 euros y que el mundo parecía acabarse.
Y aquí está el problema.
Porque J.P. Morgan calculó qué le pasa a alguien que invierte 10.000 dólares en el S&P 500 durante 20 años (2005-2024) y se pierde los 10 mejores días de bolsa.
Si te quedas invertido: 71.750$. Si te pierdes los 10 mejores días: 32.871$.
Menos de la mitad. Por 10 días de 5.000.
Y aquí viene la trampa. 7 de esos 10 mejores días ocurrieron en las dos semanas posteriores a los 10 peores días.
¿Lo ves? Si vendes en pánico el lunes negro, te pierdes el rebote del martes. Y del miércoles. Y de los siguientes 20 años.
El mapa completo
La semana pasada te dije que te iba a dar un mapa con todas las caídas del mercado desde 1929. Con los tiempos reales de recuperación, ajustados por inflación. No los datos de fantasía que te venden. Los de verdad.
Lo he hecho. Puedes descargarlo aquí:
7 crisis. Desde la Gran Depresión hasta el mercado bajista de 2022. Con tiempos de recuperación nominales y reales.
Pero necesito que leas hasta la última página.
Porque todos esos datos de horror son del S&P 500 solo. 100% renta variable. Sin diversificar.
Y cuando le superpones una cartera construida con activos descorrelacionados —backtesteada desde 1999 con datos reales de Portfolio Visualizer— la foto cambia.
La caída máxima del S&P 500 en estos 27 años fue del –50,8%.
La caída máxima de la cartera diversificada fue del –24,9%.
Menos. De. La. Mitad.
Y eso no es lo mejor. Lo mejor es esto: esa cartera diversificada no ha perdido dinero en ningún periodo de 5 años. Ninguno. En 27 años de datos.
El S&P 500 solo sí tuvo periodos de 5 años perdiendo un –6,67% anual.
La diferencia entre una cartera que cae un 51% y una que cae un 25% no son 26 puntos. Es la diferencia entre vender a las tres de la mañana con el estómago revuelto y dormir tranquilo esperando la recuperación. Es la diferencia entre llamar a tu mujer para decirle que hay que vender la casa y decirle que todo va según el plan.
El mercado siempre se recupera. La pregunta es si tú aguantas hasta que lo haga. Y para aguantar necesitas una cartera que no te destruya los nervios cuando venga la siguiente crisis. Porque vendrá. Ya lo sabes.
¿Qué activos exactos? ¿Qué pesos? ¿Cómo se implementa?
En las próximas semanas te voy a enseñar cada ingrediente. Paso a paso. Con los datos delante. Sin prisas.
En 1688, un judío sefardí de origen español llamado José de la Vega escribió el primer libro de la historia sobre los mercados financieros. Se llamaba "Confusión de Confusiones". Tres siglos y medio después, el título sigue siendo la mejor descripción de lo que siente un inversor durante un crash.
Pero la confusión tiene solución. Y esa solución tiene nombre: diversificación.
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Y si conoces a alguien que tiene todos sus ahorros en un solo fondo, en una sola acción o en un plan de pensiones de su banco que no sabe ni lo que tiene dentro, reenvíale esto. No para asustarle. Para que vea que existe una forma de caer menos y dormir más.
Buen domingo.
Pablo ([email protected])
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