Es como un fan de Star Wars pero en lugar de idolatrar jedis idolatra un algoritmo.
Suelen leer foros escritos por otros bitcoiners, van a ferias y tienen sexo con otros de su especie para tener bitcoinitos y perpetuar la estirpe.
En esa estábamos cenando mientras sobre la mesa volaban halvings, stakings, yields, liquidity pools y on-chain analytics. Yo estaba absorto en mis pensamientos socráticos:
"Joder qué buena está esta tortilla de patatas."
Pero de repente una frase cortó el aire:
— 11,5% de rentabilidad sin riesgo.
La primera vez que escuché aquella frase fue hace ya muchos, muchos años.
Unos hombres maduros con pinta de aburridos compraban papelitos de colores y les pagaban una barbaridad por ellos. También tenían sus propios fórums, sus revistas especializadas, sus reuniones de expertos. Hablaban de lotes filatélicos, de valores de catálogo, de emisiones limitadas y de contratos de inversión con revalorizaciones garantizadas.
Nunca tuve la suerte de poder compartir una tortilla con ellos pero no creo que la conversación hubiera ido en otro sentido. Quizás sí los términos. Aunque esta especie no mantenía sexo los unos con los otros. La mayoría eran hombres con bigote y por aquel entonces eso no estaba bien visto.
Hasta que un día alguien quiso vender los papelitos… y resulta que aquello era un cuento. ¿Te lo puedes creer?
Como Caperucita y el Lobo Feroz, pero con sellos y un señor con bigote.
Se enfadaron mucho. Querían que les devolvieran su dinero. Era rentabilidad sin riesgo. Alguien tenía que poner justicia. ¿Cómo no iban a valer nada aquellos papelitos de colores que servían para enviar otros papelitos sin color de un sitio a otro?
Salieron hasta en la tele.
Medio millón de personas. 5.000 millones de euros. 27 años funcionando con el beneplácito de todo el mundo. Hasta que dejó de funcionar.
La segunda vez que escuché aquella frase fue volviendo de un viaje de amigos. Luis, joven director financiero con amplia proyección, la soltó en el coche:
— Voy a invertir en algo sin riesgo.
— ¿En qué?
— Árboles.
— ¿Árboles?
— Bueno, no literalmente. Una empresa que planta árboles y dentro de 30 años cuando crezcan recuperas el dinero y mientras tanto te pagan intereses.
— Joder, igual que los sellos pero con troncos.
— Que no, que no. Que puedes ir a verlos.
— Ah bueno, entonces todo correcto.
Luis se lo sabía todo. Hablaba de rendimiento silvícola, de parcelas certificadas, de ciclos de tala y de valor maderero garantizado. Te explicaba con pasión que la teca crece un 8% anual y que era imposible perder dinero porque los árboles estaban ahí, plantados, creciendo.
Los árboles estaban ahí, sí. Muertos. Sin podar. Sin regar. Y el dinero en ninguna parte.
Hoy Luis tiene 52 años y es leñador.
La tercera vez que escuché esa frase mágica fue en 2008.
Esta vez no eran halvings ni stakings. Eran MBS, CDS, CDO y tranches. Los hombres con gomina hablaban de securitizations, de yields enhancers, de NINJA loans y de ratings AAA.
A unos señores con traje de Armani de a 10.000 dólares el par se les ocurrió dar hipotecas a gente que no podía pagar ni el pan, empaquetarlas, trocearlas y esparcirlas como confeti por el sistema financiero mundial.
Democratizaron la mierda. Hoy se llama tokenizar.
Pensaron en su cliente objetivo y le pusieron el nombre “primo subnormal”, pero en inglés todo suena mejor: subprime. Y todos como locos a comprar.
Ya sabes. "Alta rentabilidad sin riesgo."
El 94% de los CDO con rating AAA emitidos en 2007 acabaron en default. Triple A. La nota más alta que existe. Basura empaquetada con lazo.
Y la cuarta vez fue el otro día.
Mi amigo bitcoiner seguía hablando de yields del 11,5% sin riesgo. Entonces dejé el tenedor, miré la tortilla, le miré a él, volví a mirar la tortilla (joder qué buena estaba) y le dije:
— Te voy a prestar 100.000€ al 11,5%. ¿Qué te parece?
— Estás loco. ¿Cómo te voy a pagar tanto interés?
Mientras soltaba esa frase se le iba hinchando la vena carótida del cuello. No sé si porque se estaba atragantando con el puerro o porque empezaba a entender por dónde iba el razonamiento.
Demasiado para un bitcoiner. Tosió y el puerro salió.
Pero tú, que no eres bitcoiner, me has pillado a la primera.
Si la deuda libre de riesgo en Europa paga un 3% y en EEUU un 4%… ¿por qué alguien en su sano juicio iba a pagar un 11,5% para financiarse? ¿Quién acepta pagar eso pudiendo financiarse mucho más barato?
Solo alguien a quien nadie más le presta.
Entonces mi amigo el bitcoiner soltó la misma frase que soltaron el del bigote de los sellos, mi amigo el leñador y el banquero de Lehman:
"Tú no entiendes…"
Cuatro décadas. Cuatro productos. Cuatro jergas diferentes. La misma frase.
La próxima vez que alguien te ofrezca rentabilidad sin riesgo, hazle la pregunta de la tortilla: ¿me prestarías tú dinero a ese tipo? Si la respuesta es no, ya tienes la tuya.
Y recuerda: la educación es el único activo que nadie te puede robar. Ni siquiera ese señor con bigote y cara de vicio.
La próxima edición del Taller K abre en julio. No sé si aprenderás pero no te aburrirás. Promesa de believer.
Buen viernes.
Pablo ([email protected])

